viernes, 26 de diciembre de 2008

LEYENDAS URBANAS

¿Quien no ha escuchado alguna vez historias extrañas sobre experimentos en microondas, psicopatas con motosierras que recorren ciertos lugares, conbinaciones mortales de comida y bebida o apariciones espectrales en ciertos lugares?
Estas son leyendas urbanas, son fabulas populares que se trasmiten de boca en boca como si fueran ciertas.



No sólo los perros lamen.
La historia data de varias décadas atrás, y se desarrolla en una casa pudiente en las afueras de Montevideo. Allí vivía una familia adinerada, bien posicionada, influyente y con una hija única, de unos diez años. La niña, independiente y de buena educación, cargaba con el peso de su soledad, ya que sus padres solían ausentarse del hogar para asistir a compromisos sociales. Con el objetivo de hacer más llevaderas las horas solitarias, sus padres le compraron un cachorro de labrador. Con el correr de los años, la niña y el perro se volvieron inseparables, compartiendo espacio dentro del propio cuarto. Todas las noches, cuando la protagonista del relato se iba a dormir, el labrador se acurrucaba debajo de la cama; la niña estiraba entonces su mano y el perro se la lamía, a modo de saludo nocturno que se convirtió en una tradición o código entre ambos. Una noche, los padres se retiraron a un nuevo evento social, quedando la joven sola con su perro. Se sumió en un sueño profundo hasta que a eso de las 2 de la mañana la despertó un fuerte ruido, que se derivó luego en algunos rasguños y golpeteos. Asustada, y también nerviosa por su perro, la niña bajó la mano en la oscuridad, esperando que el perro la lamiese. El can así lo hizo y su dueña pudo volver a dormirse con tranquilidad. Horas después, al despertarse, comenzó a sentir un ruido extraño, como un goteo grueso e insistente que parecía provenir del baño. Caminó hasta allí, temerosa, y dio un grito de terror al abrir la puerta; su perro, descuartizado y sangrando, colgaba de una cuerda en el baño. Al regresar al cuarto, en medio de un ataque de pánico vio las siguientes letras escritas en rojo en el espejo del tocador: "No sólo los perros lamen". Dio un grito y cayó desmayada en el medio de la habitación. Cuando los padres regresaron, se encontraron con la casa desvalijada, el grotesco espectáculo del cuarto de baño y su hija en estado de shock, repitiendo en loop: "¿Quién me lamió?". Según algunas de las versiones, la niña debió ser internada en un manicomio, en el que permaneció hasta su muerte. Sus padres emigraron finalmente al extranjero. Una leyenda universal Más allá de los datos regionales que remiten a nuestro país, como la casa en las afueras de Montevideo, esta historia es probablemente la leyenda más popular en cuanto a robos se refiere. Se cuenta con ligeras versiones en todas partes del globo, y se ha convertido en un cliché modificado en varias películas de suspenso, con el terror subyacente en esa figura que acecha desde abajo de la cama. En algunas variantes, la niña tiene una hermana, y ambas ven un avance informativo en el que se reporta la fuga de un peligroso asesino. Cuando la protagonista despierta, encuentra no sólo al perro, sino también a su hermana degollada en su propia cama. Tras leer el mensaje en el espejo, se desmaya y despierta traumatizada, sin volver a pronunciar otra palabra en su vida.



No hay comentarios: